martes, 4 de abril de 2017

Soluciónalo y ¡adelante! Sal 32:

Soluciónalo y ¡adelante!
Sal 32:5 Mi pecado te declaré, y no encubrí mi iniquidad.
Dije: Confesaré mis transgresiones a Jehová; y tú perdonaste la maldad de mi pecado.
Supongamos que hace tres meses decidiste vivir totalmente para Dios. Y desde ese día has vivido para Cristo sin comprometer tus ideales. Eso fue antes de hoy.
Patear la pelota de fútbol hasta destrozarla te pareció una buena idea para librarte de las frustraciones que sentías después de un día horrible. Así que pateaste la pelota una vez. Dos veces. Unas mil veces. Y con cada puntapié, apuntaste a los tulipanes de la buena anciana que vive al lado.
Estuviste pésimo. Bien lo sabes. Así que, ¿qué vas a hacer ahora?
Tema para comentar: ¿Qué podrías hacer para solucionar el hecho de que destrozaste los tulipanes de tu vecina?
No podemos volver a componer las flores. Pero podemos empezar por decir que lo lamentamos. Podemos ayudar a limpiar los destrozos que hicimos. Y en el instante que nos damos cuenta de que estuvimos pésimos, tenemos otro trabajo enorme. Tenemos que hablar con Dios sobre nuestra desobediencia.
Cuando nos arrepentimos y confesamos nuestros pecados, reconocemos ante Dios que hemos actuado mal. Le decimos que no queremos tener ya nada que ver con volver a pecar. Y cuando le pedimos perdón a Dios, podemos estar seguros de que él nos perdonará.
Escucha la promesa en 1 Juan 1:8, 9: "Si decimos que no tenemos pecado, nos engañamos a nosotros mismos, y la verdad no está en nosotros. Si confesamos nuestros pecados, él es fiel y justo para perdonar nuestros pecados y limpiarnos de toda maldad". Todo mal ¡desaparece!

Cuando le admitimos de esta manera nuestros pecados a Dios, podemos estar seguros de que las cosas andarán bien entre él y nosotros. Tratar de esconder de Dios nuestros pecados es una mala idea. En el salmo que leíste hoy, viste que el rey David sabía lo que era no sólo haber hecho lo malo sino también haber tratado de esconder de Dios sus pecados. Se sentía débil y miserable.

Esconder los pecados es incómodo. Pero sucede algo fantástico cuando solucionamos nuestro pecado con Dios. ¡Él nos ayuda a cambiar! No honra a Dios andar destrozando los tulipanes de la gente con la pelota de fútbol. Por eso, cuando nos perdona, nos envía poder espiritual a través del Espíritu Santo, quien nos ayuda a vencer nuestra tendencia a pecar. Como dice Gálatas 5:16: "Andad en el Espíritu, y así jamás satisfaréis los malos deseos de la carne".

Cuando haces lo pésimo, reconócelo y deja que Dios te cambie. ¡Entonces sí que estás dejando que Jesús controle tu vida!



Por Josh McDowell

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